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Somos La Salle. Lema curso 2018-19

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El gran valor de la India son las personas

La vida en Calcuta comienza temprano y no podíamos ser menos los miembros del equipo de PROYDE, así que a las seis de la mañana nos incorporamos a la eucaristía de los voluntarios en la Mother House de la Madre Teresa de Calcuta. Una celebración sencilla, en varios idiomas, que abre el día de descanso de los cooperantes.

Tras el desayuno sazonado con crema de cacahuete, nos dirigimos a nuestro primer destino: la leprosería de Titagarh, una de las poblaciones cercanas a Calcuta. Decir «nos dirigimos» no puede resumir la increíble experiencia de coger un autobús por la calles de la enorme y caótica capital de Bengala para bajarse en una estación de trenes invadida a cada momento por una marabunta de gente que parece, dentro del ubicuo desorden, saber dónde va. Muchos párrafos se llenarían describiendo la entrada y salida en movimiento de cualquier vehículo, las puertas abiertas, el calor agobiante, los cláxones y olores… O los niños que alegres saludaban al curioso grupo de extranjeros blancos que se introducía perplejo en su espacio.

La leprosería «Ghandiji» es una gran obra fundada por la Madre Teresa y regentada por los Hermanos Misioneros de la Caridad. Pudimos experimentar la hospitalidad india cuando el Hermano responsable nos ofreció agua, té y galletas, dejando al momento toda su labor para acompañarnos en la visita a las instalaciones. Pudimos ver los telares, la forma de autogestión y formación del centro, donde los internos leprosos tejen telas de saris y otras prendas típicas en la India, siendo el único lugar donde se componen los conocidos saris-hábitos de las Hermanas de la Madre Teresa. También vimos los quirófanos, las salas de visitas médicas, las zonas donde curan las úlceras, la escuela para los niños, las huertas… La lepra sigue existiendo, y sigue siendo una lacra social y sanitaria en la India, a la que sólo atienden, desde su fe, unos pocos locos necesarios.

Impresionados por lo que apenas nos asomamos a ver, volvimos a nuestro hogar estos días para reponer las fuerzas a base de rico arroz y emprender una visita más turística por la tarde: el Victoria Memorial y sus jardines, el puente de hierro de Joura (Howrah) y algunas zonas comerciales. Cruzamos el río Hugli en lancha y, para rematar la experiencia, volvimos a casa en motocarro (tuk-tuk)…

En nuestras conversaciones coincidimos en lo que llama la atención ver tantas personas, en todos los sitios, tan diferentes, tan coloridas y tan acostumbradas al ruido y la combinación de olores y sabores. Alguien dijo que el gran valor de la India son las personas y, cada hora que pasa, confirmamos que tenía razón.

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